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Blog divulgativo del doctor Vicente Aneri sobre los cuidados de la piel, las principales afecciones, recomendaciones y consejos de salud

Herpes zóster o culebrilla

¿Qué es el herpes zóster o culebrilla?

El herpes zóster,o comúnmente llamado culebrilla, es una erupción dolorosa en la piel que puede localizarse en la zona peribucal, aunque normalmente aparece en otras partes del cuerpo como el tórax, las cervicales o las lumbares.

Cuando nos infectamos con el virus de la varicela, este entra al torrente sanguíneo infectando las células nerviosas de los nervios espinales o craneales. Una vez terminan los efectos del virus, se queda latente en los ganglios y puede permanecer de este modo para siempre, o volver a reactivarse con el tiempo causando el herpes zóster que produce sarpullidos parecidos a la varicela. Estos brotes suelen situarse cerca de las fibras nerviosas infectadas por la varicela.

Todavía no se conoce exactamente por qué se reactiva el virus, pero suele observarse en las zonas donde la varicela fue más intensa. Estas ampollas suelen durar alrededor de una o dos semanas y luego desaparecen.

¿A quién suele afectar este virus?

Como se ha explicado, el virus permanece de forma latente y vuelve a aparecer en las personas que presentan un sistema inmunitario débil, como, por ejemplo: personas con mucho estrés, con VIH, personas que estén sometiéndose a quimioterapia o radioterapia, o por lo general en personas de más de 60 años. Pero no debemos olvidar que cualquiera que haya padecido la varicela corre el riesgo de sufrir este problema.

Por lo general, el herpes zóster aparece una sola vez a lo largo de la vida de una persona, no como el virus del herpes simplex, que puede aparecer varias veces. Se ha observado que solo el 4 % de la población padece más de una vez el herpes zóster.

Síntomas y complicaciones

Entre 2 o 3 días antes de la aparición del herpes zóster, se ha indicado una sensación de hormigueo y dolor en la zona donde más tarde aparecerán las ampollas que seguirán formándose hasta los 3 a 5 días siguientes.

Alrededor de 7 y 10 días después, las ampollas se secan y se convierten en costras de color pardo-amarillento, que desaparecen lentamente. En este momento el virus deja de ser contagioso. La piel puede tardar en normalizarse entre dos y cuatro semanas. A veces, las costras pueden dejar algunas cicatrices residuales.

Otros posibles síntomas son malestar de estómago, fiebre, dolor de cabeza, inflamación de los ganglios linfáticos y dolores musculares o cansancio.

En algunos casos, el herpes zóster puede afectar al ojo, en este caso se llama herpes zóster oftálmico, que puede ser muy grave incluso con tratamiento y provocar pérdida de visión. También puede afectar al oído, llamándose herpes zóster ótico o síndrome de Ramsay Hunt. En este caso las ampollas aparecen en el conducto auditivo y puede causar pérdida de audición o zumbidos en los oídos.

Hay que poner especial cuidado en no rascarse el sarpullido, ya que puede provocar una infección bacteriana. Para evitar esto se recomienda cortarse las uñas.

¿Cómo se contagia?

En sí, no se puede contagiar, ya que este virus aparece debido a una reactivación del virus de la varicela. En el caso de que una persona con herpes zóster tenga contacto directo con otra persona puede transmitirle la varicela, pero no el herpes.

Una persona con herpes zóster solo podrá contagiar a otra cuando presente las ampollas, antes de que aparezcan. Una vez que se secan y aparecen las costras, ya no hay peligro de contagio.

Sarpullido del herpes zóster en la zona peribucal.

¿Cómo podemos prevenirlo?

Se recomienda la prevención de la varicela mediante la vacunación infantil y la de adultos no inmunizados.

Evitar el contacto con una persona que presente el herpes zóster si no se ha pasado la varicela.

Para evitar contagiarla si se sufre el herpes zóster se recomienda taparla con apósitos.

¿Cómo se trata?


Al ser un virus se trata con medicamentos antivirales, como Famciclovir® o Valaciclovir®, este último se usa sobre todo en personas de edad avanzada o que presenten inmunodeficiencia.

El tratamiento con fármacos debe iniciarse lo antes posible, incluso antes de que aparezcan las ampollas, ya que si no los medicamentos no serán igual de efectivos. También se deben aplicar antisépticos sobre la zona afectada para evitar una posible infección. Estos fármacos no curan la enfermedad, pero pueden ayudar a aliviar los síntomas del herpes zóster y acortan su duración.

En caso de afectación de los ojos o los oídos, debe consultarse con el especialista apropiado (oftalmólogo u otorrinolaringólogo).

Para aliviar el dolor se recomiendan analgésicos y antiinflamatorios y aplicar compresas húmedas.

Si las ampollas han desaparecido pero el dolor persiste, se llama neuralgia posherpética. La suele presentar solo el 10 % de los que sufren herpes zóster. En este caso, el paciente deberá seguir un tratamiento de terapias analgésicas, puesto que puede causar mucho dolor e incluso llegar a ser incapacitante.

Ante la menor duda, se debe acudir al médico para que los medicamentos hagan efecto lo antes posible y no se experimenten síntomas graves. 

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