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sobre la piel

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Cómo exponer la piel al sol tras las restricciones derivadas del confinamiento y el teletrabajo

Retornamos a la normalidad y nuestra piel vuelve al contacto con el sol 

Poco a poco vamos retornando a la normalidad. Es indudable: las cifras bajan, las vacunas se administran a buen ritmo, y aunque no es aún el momento de relajarse, las restricciones van dando paso a la apertura de horarios. Ya incluso hemos oído anunciar la retirada de las mascarillas en espacio exteriores para el próximo día 26. No será este un verano idéntico a los de la era pre-COVID, pues aún nuestros jóvenes no están vacunados, pero sí será un verano más parecido, ciertamente, a lo que teníamos antes de la pandemia. 

Ahora bien, ¿está nuestra piel preparada tras este parón sin antecedentes en nuestras vidas? ¿Debemos tomar medidas tras tantos meses de encierro o de reducción del tiempo de exposición al sol? El sol entraña riesgos, pero también aporta beneficios, por lo que vamos a ver cómo debemos afrontar los meses del verano que ahora empieza.  

¿Qué precauciones debemos adoptar para exponernos al sol tras el ayuno solar por el coronavirus?

Es esencial mantenerse hidratado con abundantes líquidos, zumos naturales y fruta fresca.
Como todo en esta vida, debemos ser racionales y entender que no se puede correr antes que andar, igual que se pueden tolerar alimentos pesados tras un ayuno prolongado, ¿verdad? Pues apliquemos el sentido común, y agreguémosle algo más de cautela que antes del COVID. Así pues, las precauciones deben ir en consonancia con las que siempre hemos aconsejado los dermatólogos en caso de exposición solar, si bien hay que extremarlas tras el largo ayuno solar que ha traído aparejado, en muchos casos, el coronavirus: hay que empezar dando pasos cortos, de menos a más, y siempre poniendo un límite razonable a ese más. 

Por tanto, hay que exponerse al sol de manera gradual, particularmente al principio y en ningún caso sin protección. Esta protección, además, debe ser de factor alto, incluso en caso de que no se tenga (o no se crea tener) una piel sensible. Toda piel es sensible, solo es cuestión de grados. 

A menudo las personas con piel morena o ya muy bronceadas creen que tienen una especie de inmunidad frente a los efectos nocivos del sol, lo cual es una falsa creencia: todas las pieles son susceptibles, en mayor o menor medida, de sufrir melanomas; el sol en exceso, tanto en pieles claras como en pieles oscuras, es un agente precipitante. 

Y en días nublados tampoco se reduce la acción del sol, en contra de lo que pueda parecer debido a que este se percibe con una intensidad atenuada. La piel pierde colágeno y elastina debido a los rayos UVA, y esta envejece prematuramente, perdiendo su aspecto juvenil, terso y suave.  

Con los niños conviene emplear cremas de protección con factor máximo, aplicando nuevamente la crema tras cada baño y protegiéndolos la mayor parte del tiempo con ropa ligera, gorrito y sombrilla. Si los niños son de pocos meses, la recomendación es no exponerlos al sol. 

La hidratación es otro aspecto fundamental. Es conveniente beber líquido y en abundancia: agua, zumos (preferentemente naturales) y comer fruta, rica en antioxidantes. Por sus efectos negativos para mantenerse hidratado, se debe evitar el café, el alcohol e ingerir comidas pesadas y productos precocinados, que además suelen llevar exceso de sal.

Con la adecuada distancia de seguridad, no hay por qué someterse a un sofoco innecesario con la mascarilla (salvo que las autoridades dispongan lo contrario según las circunstancias concurrentes del momento y lugar). Nuevamente, se impone la regla del sentido común. Todo depende de si estamos en una playa o piscina con espacio suficiente y sin aglomeraciones. 

Siempre hay que tener presente que, tanto para niños como adultos, la exposición solar en el horario de mediodía es el más peligroso para la piel

Con los niños conviene emplear cremas de protección con factor máximo, aplicando nuevamente la crema tras cada baño y protegiéndolos con ropa ligera, gorro y sombrilla. Si los niños son de pocos meses, la recomendación es no exponerlos al sol.

Entonces ¿quizás lo que deberíamos es evitar el sol a toda costa?

Salvo indicación de su médico en sentido contrario, el sol, en su justa medida, es muy beneficioso. Las horas más adecuadas para tomarlo son siempre las primeras de la mañana, que es cuando los rayos ultravioleta sintetizan la vitamina D en la piel. La vitamina D es excelente para fortalecer los huesos, incrementa los glóbulos blancos y linfocitos, defensores de nuestro organismo, y puede proteger contra cánceres como el de próstata, mama y útero. Por otra parte, mejora la calidad del sueño. Por tanto, el sol es fuente de vida. Con 10-15 minutos de sol se nos recargan las baterías de vitamina D.    

Con motivo de la pandemia, sin embargo, nos hemos visto forzados, durante largos periodos, a exponernos al sol incluso menos de lo saludable. Ahora tenemos la posibilidad de recuperarlo. Pero, ¡ojo!, no se trata de sobrecompensar lo perdido, sino de recuperar, paulatinamente y con cabeza, los beneficios demostrados del sol, que es un excelente vasodilatador que equilibra la tensión arterial, fortalece el sistema inmunitario, estimula el metabolismo, posee propiedades antimicrobianas por vía de los rayos ultravioletas e incluso puede llegar a reducir el colesterol

En problemas de la piel tan comunes como los eczemas, la psoriasis o el acné, el sol, tomado con moderación (a principio de la mañana o al final de la tarde), puede ser beneficioso, si bien debemos ser siempre los dermatólogos quienes orientemos a este respecto según el caso, pues cada piel, como cada persona, es única e irrepetible

Y con los ánimos tan bajos que nos ha dejado la pandemia, hay una lanza más que romper en favor del sol (repito: moderado), y es que estimula la producción de serotonina, que mejora nuestro humor, ayuda a combatir la depresión y favorece la sensación de bienestar.     

Así que... a reponer ánimos y vitamina :D. 

Cuidado con las verrugas genitales
 

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Domingo, 25 Julio 2021

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